MENTALIZACION

Por Philippe Jaeger, jueves, 3 septiembre, 2009.


Una “buena mentalización” supone que el mecanismo de represión de la neurosis mental opera normalmente a fin de que los retoños del inconsciente puedan formarse y contribuir a la formación de los pensamientos, fantasías, sueños, asociaciones de ideas, etc. Este término, que figura en el corpus teórico de Pierre Marty, concierne la evaluación de la calidad y de la cantidad de las representaciones psíquicas que se forman en el Preconsciente, lugar de ligazón de la representaciones entre ellas y de ligazón de las representaciones con los afectos.
Pero si demasiadas pesadas cargas conflictivas oponen las representaciones a formaciones psíquicas precoces, como el <<yo-ideal>>, acontece la supresión de las representaciones y no su represión. A esta supresión de las representaciones se añade a menudo la supresión de los comportamientos. Un exceso de excitación traumática desborda el aparato mental falto de representaciones suficientes y variadas para ligar estas cargas afectivas. Marty identificó sujetos que presentan variaciones importantes de la mentalización, como ocurre en las <<neurosis con mentalización incierta>>.
Cuando el pensamiento reflexivo llega a interrumpirse de manera durable, queda entonces el comportamiento como vía principal de descarga: son <<las neurosis de comportamiento>> cuyo sistema del preconsciente se reduce como una piel de zapa, también Las excitaciones corren el riesgo de proseguir su camino destructor en una desorganización progresiva de los aparatos somáticos. La desorganización progresiva ocurre después de la aparición de la depresión esencial acompañada de una vida operatoria (Pierre Marty, Mentalización y psicosomática, 1991).
La vulnerabilidad de los neuróticos de comportamiento a las enfermedades orgánicas proviene, según Michel Fain, de la dependencia extrema de estos sujetos en el marco de vida que sostiene y alimenta su funcionamiento mental. Si las aportaciones del entorno cesan de ofrecer <<las condiciones fastas>> necesarias para el equilibrio psicosomático, el sujeto está amenazado por la interrupción de la mentalización y la consecuente aparición de una neurosis de comportamiento.
El término de desmentalización lo introduje Michel Fain, donde hay una interrupción de la trayectoria pulsional hacia su acabamiento post edípico y la entrada en una vida operatoria. Lo que es fuente de conflictos pulsionales es entonces corcircuitado directamente por la vida operatoria que borra la alucinación onírica y esta no cumple ya su función de guardián del sueño, función de regeneración del organismo que favorece la satisfacción profunda de la regresión al narcisismo primario durante el sueño. La satisfacción alucinatoria del deseo es, según Michel Fain, el núcleo central del narcisismo primario.
Los modelos clásicos de la transferencia y contra-transferencia para abordar estas patologías se revelan insuficientes. Pero hoy día sabemos mejor cuan importante es el papel del objeto, y en consecuencia del analista, en el restablecimiento de un proceso alucinatorio, fundamento de la vida psíquica, sobre todo desde los trabajos de Ferenczi, Winnicott y Green.



NEO-NECESIDADES

Por Philippe Jaeger, domingo, 22 de marzo, 2009.

Dense Braunschweig y Michel Fain (1975) desarrollaron una teoría de las “neo-necesidades” en la cual el punto de vista económico pasa a un primer plano. Descubrieron que un objeto regularmente propuesto a un niño era apto para apaciguar una excitación imponiendo la calma y no la satisfacción libidinal. Este dispositivo se mantiene por el hecho de la dependencia a un objeto narcisista apto para satisfacer esta necesidad inmediata, o más bien esta neo-necesidad. Puede ocurrir que el pecho haga esta función para cesar los gritos del bebé e imponerle el sueño. Winnicott no dice otra cosa cuando afirma que el tomar el pecho, en estas condiciones, es un narcótico: “aplastado” por la toma de la leche, el bebé privado de la experiencia pulsional y del juego que sigue a la tetada, cae en el sueño. El engranaje de la neo-necesidad <<falsa en su esencia>> tiene como misión borrar el deseo favoreciendo la experiencia de una <<neo-experiencia de satisfacción>> privada de su carga erótica. La neo-necesidad (el primer cigarrillo, por ejemplo) corta al sujeto de la satisfacción alucinatoria del deseo al que un comportamiento viene a sustituir. Notemos la analogía con el insomnio precoz del bebé descrito por Michel Fain ya que el sujeto se ve privado, aquí también, de una para-excitación autónoma que le mantiene dependiente falto de un recurso posible a sus autoerotismos. Estos autores han descubierto el resorte profundo de la importancia de la disimulación del hecho que la neo-necesidad tome la apariencia de una necesidad vital privando la energía de toda carga erótica. La parte de líbido sexual retirada al narcisismo primario, y luego desviada, priva al sujeto a la vez de la energía que alimenta la culpabilidad inconsciente y la angustia de castración, prueba de la que sabemos cuan estructurante es. Estos comportamientos, marcados del sello de la repetición, son anti-traumáticos pero también auto-excitantes contra la amenaza de un hundimiento. Estas elaboraciones de Dense Braunsweig y Michel Fain prepararon el terreno a los descubrimientos de Claude Smadja y Gérard Szwec sobre los procedimientos auto-calmantes. ¿A pesar de la liberación de las costumbres sexuales, nuestra civilización no valora la calma en detrimento de la satisfacción?



INSOMNIO PRECOZ DEL BEBE

Por Philippe Jaeger, sábado, 21 de marzo, 2009.

Este cuadro clínico está en el comienzo de las primeras elaboraciones teóricas de Michel Fain que conciernen la psicosomática psicoanalítica del bebé (L. Kreisler, M. Fain, M. Soulé.-“El niño y su cuerpo”, PUF, 1974). El comportamiento de la madre para dormir a su bebé instalaría a este en un sueño operatorio, un sueño sin sueños, que impediría la constitución de los auto-erotismos y la construcción de la satisfacción alucinatoria del deseo. En este cuadro clínico, lo que intriga Michel Fain es la ausencia total de para-excitación. Este acunado constante, que impone el cese del sufrimiento mediante la calma, y no mediante la satisfacción, estaría en el origen de la vida operatoria. En efecto, si uno de los primeros pasajes de lo somático a lo psíquico es la libidinización del sueño, la excitación flotante del pequeño insomne no conseguirá convertirse en líbido por falta del complemento materno necesario. Este cuadro clínico resultaría, según Michel Fain, de un acunado operatorio doblado de un sueño no menos operatorio, de un sueño sin sueños.

Vemos así cómo el acunado constante puede ocupar el lugar de la satisfacción alucinatoria del deseo y obstaculizar la construcción del incipiente psiquismo. La tesis de Michel Fain es que la pulsión de muerte de la madre se manifestaría directamente a través del acunado constante del pequeño insomne y que en esta coyuntura no habría inconsciente en el sentido exacto del término ya que el acunado constante cortaría al sujeto de las huellas mnésicas hereditarias necesarias a su constitución. Michel Fain siempre consideró este cuadro clínico como paradigmático de una manifestación invasora de la pulsión de muerte en la vida humana, afectando por su efecto para-excitante, a la erradicación de las ruidosas excitaciones traumáticas. Habremos comprendido que este acunado constante ocupará el papel de guardián del dormir, papel normalmente realizado por los sueños como lo demostró Freud. De hecho este acunado constante contendrá un “double bind” (“doble mensaje”): una excitación negativizante que produce una sobre excitación del bebé inducida por la madre. El naciente psiquismo del sujeto, cortado de la alucinación del objeto en su ausencia, será arrastrado en un movimiento de desobjetalización primaria. Este acunado constante sería “un puro cultivo de la pulsión de muerte”. Un acunado de buena calidad no excluye por tanto una parte negativizante que apunta a la extinción de la excitación a condición de contener también una parte de ternura y una parte erótica. Solamente entonces podrá constituirse en una para-excitación autónoma.



FUNCIONAMIENTO MENTAL

Por Philippe Jaeger, domingo, 1 de marzo, 2009.

En la filiación de Freud y después de Maurice Bouvet, los psicosomatólogos de la Escuela Psicosomática de París “inventaron” el funcionamiento mental del que su cara negativa es la desmentalización. <<Construyeron su modelo original y heurístico sobre el valor funcional de las representaciones mentales>> (Claude Smadja, “Los modelos psicoanalíticos de la psicosomática”, PUF, 2008, p.223). Las modificaciones del funcionamiento mental constituyen los factores esenciales del desencadenamiento de las somatizaciones.
Los sujetos cuyo funcionamiento mental está sostenido, son escasos y de manera atípica objeto de enfermedades somáticas.

El funcionamiento mental irregular de las neurosis de carácter, que se encuentra en la mayoría de nosotros, va a menudo a la par con afecciones somáticas consecutivas a traumatismos afectivos. En su clasificación, Pierre Marty distingue neurosis de carácter y neurosis de comportamiento. En estas últimas, las mociones pulsionales se expresan casi directamente en el comportamiento sin elaboración mental previa ya que el preconsciente presenta importante fallos, incluso una inorganización funcional. La referencia central de esta teoría es la neurosis descrita por Freud. Ella no toma en cuenta los casos límite y las formas emparentadas con la psicosis descritas por Winnicott y Bion. André Green señala justamente que la clínica psicoanalítica ha desplazado su centro de gravedad fuera del marco de las neurosis. Esta crítica justificada no pone en cuestión la importancia del descubrimiento de la evaluación del valor funcional del trabajo psíquico.



PRECONSCIENTE

Por Philippe Jaeger, martes, 6 de enero, 2009.

Pierre Marty hace jugar al preconsciente de la primera tópica freudiana, el papel de “placa giratoria” de toda la economía psicosomática del sujeto. La primera tópica freudiana está constituida por el consciente, el preconsciente y el inconsciente. El preconsciente asegura una función de ligazón y desligazón de las representaciones mentales. Se caracteriza por su fluidez, su espesor y su permanencia: fluidez de las ligazones entre las representaciones y espesor de las formaciones representativas. La salud física del individuo está relativamente bien asegurada por la permanencia de este funcionamiento del preconsciente que asegura el papel intermediario para-excitador, antaño reservado a la función materna.
Pierre Marty describe-particularmente en los sujetos vulnerables a las enfermedades somáticas-insuficiencias del preconsciente que acabará sobre todo por considerar como consecutivas a una indisponibilidad afectiva de la madre al comienzo de la existencia; indisponibilidad que obstaculizó la constitución de un sistema de representaciones ligada a los afectos. Un fallo de constitución en esta “placa giratoria” de la censura separadora entre el consciente y el inconsciente conlleva un desequilibrio del que testimonian ciertos sueños típicos frecuentes en la clínica psicosomática como los “sueños crudos”. Sin la acción de los mecanismos que permiten el trabajo del sueño descrito por Freud, sin una censura que separa los procesos primarios y los procesos secundarios, emergen entonces directamente en la consciencia y de manera traumática las excitaciones pulsionales. Las insuficiencias de organización del preconsciente se encuentran igualmente en los “sueños operatorios” donde, por ejemplo, se repiten las actividades banales del día. Esto indica que el sujeto está momentáneamente o permanentemente cortado de su inconsciente.
Encontramos en Pierre Marty conceptos que serían interesante comparar con otros modelos teóricos psicoanalíticos bien diferentes, sin embargo, como el modelo de Winnicott con los fenómenos transicionales, o bien el modelo de Andrée Green con el concepto de tierceidad ( neologismo y galicismo de “tiercéité”).



FUNCION MATERNA

Por Philippe Jaeger, martes, seis de enero, 2009.

Tres llaves: el instinto materno, las necesidades y los deseos del bebé, a las que podemos añadir la dependencia primera. La función materna, expresión del instinto materno, juega según Pierre Marty un papel importante en la génesis de las funciones somáticas de un individuo. Se aparenta con una sublimación. La función materna tiene un papel considerable no solamente en la comunicación con el niño de nociones tales como las de “mujer” y de “padre”, sino también en la transmisión de la cultura. Expresión del instinto materno, resulta de una identificación primitiva y profunda según Pierre Marty. Hace posible la cohesión primera del agrupamiento compuesto primitivo o mosaico primero del bebé. Expresa directamente sin intermediario mental, la apreciación afectiva inconsciente de los deseos y necesidades del bebé.
El sistema para-excitación juega un papel intermediario en la función materna: el de evitar que el bebé permanezca sometido a las excitaciones demasiado fuertes y muy duraderas, externas o internas. Así las descargas instintuales reiteradas constituyen acontecimientos traumáticos que favorecen organizaciones más o menos graves. Pero el riesgo sería de querer reducir demasiado las excitaciones internas o externas que afectan al bebé e impedir así la creación de fijaciones personales y mecanismos de defensa, en particular la regresión. Dicho de otra manera, si los sistemas para-excitación son demasiado o insuficientemente utilizados por la madre, ello volverá difícil la elaboración de los mecanismos de defensa en el niño y ello creará el lecho de futuras desorganizaciones somáticas graves.

La función materna jugará un papel importante al localizar los signos del pasaje evolutivo de las manifestaciones repetitivas hacia la programación evolutiva (
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Se crean así las posibilidades de fijación y de regresión que se inscriben a nivel del soma. Sin el ejercicio de la función materna, lo esencial de la organización del agrupamiento compuesto primitivo del bebé quedaría fragmentado. Cuando las cosas van bien la madre juega un papel que escapa a su conciencia. La regresión que se opera en común (Michel Fain) restablece las condiciones óptimas del desarrollo que encuentran fusionadas como a la época fetal-particularmente en el estado de sueño- donde se restablece un buen funcionamiento somático, como ya lo señaló Freud.
Diversas funciones somáticas del bebé evolucionan en relación estrecha con las características de la personalidad materna (“Los movimientos individuales de vida y de muerte. Ensayo de economía psicosomática”. Payot 1976 p. 98) que tiene aspectos comunes con la función psicoterapeútica del psicoanalista-psicosomatólogo en presencia de un estado operatorio: trabajo de apoyo exterior mediante el aporte de excitaciones y para-excitaciones. Como se ve, no es cuestión aquí del imago materno, ni de la mala o buena madre, sino de la madre externa y particular a cada niño con su inconsciente, sus conflictos y el conjunto de sus características propias que influyeron grandemente en el maternaje y el futuro del niño.



DEPRESION ESENCIAL

Por Philippe Jaeger, martes, 6 de enero, 2009.

Después de describir una depresión particular sin síntoma- llamada depresión sin objeto- en ciertos deprimidos predispuestos a las somatizaciones, Pierre Marty describió por primera vez en 1966 la depresión esencial. Para él es la esencia de la depresión. Curiosamente fuera del círculo de los psicosomatólogos, la depresión esencial no retuvo tanto interés como la depresión sin objeto.
Mientras las depresiones neuróticas están coloreadas por su fijación a los objetos-objetos en el sentido intra-psíquico del término-, la depresión esencial se define por su ausencia de presión, es decir, por una caída del tono vital al nivel de las funciones psíquicas. Su aparición está generalmente precedida de angustias difusas que reproducen un estado arcaico de desbordamiento del aparato psíquico, estado traumático que obstaculiza las capacidades de elaboración. Uno de los signos patognomónicos de la depresión esencial es la desaparición del sentimiento de culpabilidad. El preconsciente se borra y el sujeto está cortado de su inconsciente y de su propia historia. Se impone lo actual y lo factual ya que la elaboración de las expresiones personales del pensamiento-como la metáfora- y la acción están ausentes.
Este cuadro clínico marcado por su expresión negativa pasa demasiado a menudo desapercibido y suscita poca o ninguna demanda de ayuda. La depresión esencial instala un gran número de enfermedades entre las más graves. La depresión primaria descrita por Winnicott, Tustin y Haag (vivencia de caer indefinidamente, de disolverse en un espacio aniquilador, amputación de las zonas corporales de contacto etc.) hay que diferenciarla de la depresión esencial que parece comportar una retirada de los afectos sin un quebrantamiento tan importante del yo corporal. La depresión esencial se distingue de la depresión melancólica en que ella supone una construcción suficiente de la analidad sádica y destructiva de los objetos.